viernes, 4 de diciembre de 2009

MAL DE OJO

MAL DE OJO

Es una enfermedad propia de la creencia popular de extensión prácticamente universal tanto en el tiempo como en el espacio. Históricamente, se remonta hasta el mismo origen del hombre: Prehistoria, Egipto, Mesopotamia, Grecia, los albores de la era cristiana. Es el “oculus malignus” de los romanos. También Santo Tomás “creía que los ojos tienen propiedades de inficionar el aire en un espacio dado (Taboada, 1947, p.53) En el siglo XX y en la actualidad, aún conserva la suficiente vigencia para poder creer que su concepto tardará aún muchos años en desaparecer de la mente popular. Tiene una extensión importante, tanto espacial como temporal. El mal de ojo no lo pueden quitar los médicos, no corresponde a ellos curarlo.
En Vélez Rubio (GARCÍA SÁNCHEZ, 2000) se dice que es la enfermedad popular que más se reza.

Se encuentra entre el grupo de enfermedades que no son para el médico”, junto a “el sol en la cabeza” la “tericia” y otras. El médico no entiende de ellas, no sabe ni diagnosticarlas ni tratarlas. No ocurre así con las enfermedades nuevas que aunque incorporadas a la medicina popular (azúcar, colesterol, tensión) si son competencia de los médicos.

Es una creencia muy extendida en nuestra provincia y casi ninguno de los encuestados hasta hoy, ignoran su existencia, aunque las personas de nivel cultural superior emplean cierto escepticismo a la hora de referirse a la misma. Sin embargo, en las encuestas éste proceso es contestado o considerado como una cuestión tratada con cierto retraimiento, miedo, precaución, secretismo...pues se trata de una enfermedad mágica, maligna, demoníaca, misteriosa... nunca religiosa. Antirreligiosa. Herética. Oculta. En los medios culturales inferiores diversas influencias intelectuales (en especial de la ciencia médica) propias de los tiempos en que vivimos, han podido paliar algo esta creencia. La religión condenaba las creencias supersticiosas, pero por otra parte las ha fomentado en el mal de ojo, que incorpora para su curación elementos del catolicismo o al menos del primitivo cristianismo y de la religión arriana de los visigodos sobre todo al crear por medio de algunas órdenes religiosas, amuletos, medallas, escapularios y otros objetos para protegerse de éste mal concreto.
Los conceptos sobre la enfermedad y los procedimientos curativos de este proceso son muy similares en casi todas las civilizaciones y áreas geográficas. No obstante y siguiendo la línea de mi trabajo, trataré de entresacar lo que en Almería he podido recoger que pueda ser, si no original, al menos diferenciado con lo que hasta hoy he podido consultar sobre el tema con relación a otras latitudes españolas e incluso universales y/o de distintos periodos históricos.
El mal de ojo que puede padecer un niño, un animal, una persona mayor o una planta, es consecuencia siempre de una “mala mirá” hecha a propósito (menos veces involuntariamente) por aquellas personas que tienen a través de su vista poderes maléficos para causar males, desgracias y enfermedades. Un informante buen conocedor del tema, me lo definió así: “Es una “desgracia” que tienen las personas en la vista que mata a las criaturas: “puede dejarlos en el acto”.Grima (1994) interpreta el mal de ojo como el que una persona introduce una “espíritu maligno en otra”. Solo pueden echar mal de ojo aquellas personas que tiene el poder de hacerlo.
Esta “mala mirá” se concreta sobre aquellas personas, animales o plantas que por su hermosura o “buen ver”, pudieran causar envidia “rabia” o “tirria ”a las personas que lo causan. No solo una “mala mirá” de los aojadores sino solo el hecho de que éstos tomen en brazos al niño o lo toquen o acaricien, pueden causar el mal.
Los causantes del mal de ojo, de esta especial “desgracia” son mujeres que tienen celos o te quieren mal y pueden “echarte” o “hacerte el mal de ojo”. La “desgracia” es lo contrario de la Gracia o virtud curativa. Es tal la fuerza de la mirá de estas personas que puede “dejarte en el acto” (Líjar) o “mata a las criaturas” (Chercos).Tienen al aojado envidia o “tirria”. Se envidia en especial la hermosura o la salud (en la frase “está pa que le echen mal de ojo”).Se envidia a los niños pequeños muy robustos y sanos que son los sujetos más idóneos para sufrir el mal. Con la producción de éste mal se trata de truncar la bonanza económica o de salud de los vecinos. Se aoja a los más próximos. En Albox se dice que el mal de ojo puede ser voluntario “a través de la envidia consciente de quien lo realiza” (Checa-Molina (1997,356) o involuntario, producido por la fuerza o la “desgracia” (una virtud maléfica o poder contrario a la “gracia”o poder curativo) de alguna mujer que no controla estos poderes maléficos. Es un mal que siempre se produce con los ojos, con una “mala mirá.”. A veces involuntaria. Lo hacen sin querer, es una pena para ellos (para quien lo “echan”)
Las personas que producen el mal de ojo a otras, no reciben un nombre concreto. Son en general mujeres mayores de mal aspecto físico, gitanos o marginados que emplean su poder maléfico por motivos de odio, venganza o envidia; o simplemente porque poseen o adquieren durante temporadas esta “desgracia” en la vista, esta virtud negativa para causar el mal con su mirada; virtud contraria que se le atribuye por una mayoría a causa de su aspecto desagradable, conducta exterior o condición social.

Solo lo echan aquellos que tienen el “poder” de echarlo. Es el poder de su “mala mirá”.Se dice que los que tienen esta “desgracia” en la vista “ellos lo saben”, ellos lo notan como una fuerza mala o maléfica. La causa del maleficio sería la acción de un fluido nocivo que la mirada de las personas con poder de aojar enviarían a los ojos de las víctimas trastornando su organismo, hasta tal punto de producir una abigarrada sintomatología.
Es una fuerza del espíritu que sale por la vista como energía productora del mal.

Los productores del mal de ojo son mujeres, las que lo curan también La tradición judeo-cristiana siempre parece ser que asocia el mal-mujer y el bien-hombre. Esta concepción ahonda según Perdiguero (1986) sus raíces en la mitología clásica. Pero por el contrario y según estas concepciones de la mitología antigua, las mujeres son también quienes poseen la exclusividad de poseer los poderes para curar. La Diosa Madre de los Prehistóricos, es adorada en exclusiva por esos poderes mágicos que contrarrestan los males.







Mujer de Los Escullos en Níjar, 1980





Las concepciones anteriormente expuestas quedarían resumidas con la exposición de los testimonios que transcribo, tal como han sido recogidos de informantes de primer orden de la provincia de Almería:

“Estaban varias mujeres lavando en un pilar, y entre estas mujeres había una de ellas que tenía la “desgracia de hacer el mal de ojo (que tenía “mal de ojo”).Vinieron a beber a ese lugar unas vacas, una de ellas hermosísima. Las demás mujeres que sabían la virtud de esa mujer para “echar el mal de ojo” a todo lo hermoso o que llama la atención, le advirtieron que por Dios que no mirara a las vacas, que podía “desgraciarlas”, “no mires, no mires”. La mujer “que sentía su poder”, les hizo caso y no miró y “amorró ” la vista sin mirar a las vacas, fijándola sobre la piedra donde estaba lavando la ropa. Sobre esta piedra se derramó toa la desgracia y la piedra se partió en dos. A este hecho le hicieron fotos y tó”. Este hecho que ha sido recogido en diversos pueblos de la provincia, se atribuye siempre por los informantes como ocurrido en su pueblo natal y de haber sido así habría ocurrido en la mayoría de los pueblos de la provincia. Estas personas que saben de la fuerza que tiene su mirada, desvían la vista cuando no quieren dañar a alguien.

Otra anécdota:

“Tenía una cabra que era un “ejemplar”.Qué cabra más linda...!, parió tres chotos y tenía unas ubres que le llegaban al suelo de la leche que tenía. La “miró” malamente uno que pasó por allí; la cabra se quedó de pronto sin ninguna leche. A los “chotillos” les dio un “ataque” (enfermedad de aparición súbita y fatales consecuencias) y se murieron. La cabra no ha tenío una gota de leche más en su vida”. “Unas personas miraron y elogiaron a varias macetas y a los dos o tres días se marchitaron. Luego una de estas personas les rezó y volvieron a enderezarse”.
En Topares sin embargo es conocido el mal de ojo pero hay aquí quien le llaman mal de la vista a algo que se confunde porque se reza con un rezo primitivo parecido a la cura del “mal de la vista
La sintomatología de este mal, es diversa. En los niños, que son quienes más lo suelen padecer o más frecuentemente lo sufren, la semiótica es variada. Casi siempre se coincide en referir un estado especial que sobrevendría súbitamente y en el que el niño comienza llorar, a “tirarse al suelo”, tiene mucha “decadencia” (astenia), mucha “flojera”, “pocas ganas de comer”, con vómitos, nervioso, inquieto,”la criatura se encuentra muy rara, con “mal color”, ojeras, “ojos tristes y angustiosos”, “la mollera se le hunde”, muestra desinterés por todo etc. El mal “comporta un profundo malestar corporal y anímico” que es la mala fortuna, la “desgracia” que ha caído sobre el niño. El niño afecto, que previamente al maleficio se encuentra muy rollizo, tan rollizo que llama la atención por donde pasa (“está este chiquillo, pa hacerle el mal de ojo”), comienza a palidecer y ponerse feo. Su estado de abatimiento y gravedad no tienen explicación. Las madres jóvenes que en el siglo XXI llevan a sus niños a que le recen el mal de ojo (algunas con estudios universitarios) explican el estado de su niño como desequilibrio que nadie sabe aclarar. Checa y Molina (1997) le llaman”desequilibrio de la energía vital”.La ciencia oficial, la medicina científica, no ha satisfecho sus expectativas de diagnóstico y curación. El enfermo o la madre han de acudir a procedimientos distintos a los de la medicina oficial para curarse.

Veamos más testimonios:
“A un niño lo tomó en brazos una persona con “mal de ojo”.El niño se quedó inmediatamente dormido. Le comenzó a dar una diarrea que le duró veinte días. A los nueve meses murió. Durante la enfermedad se le “había reventado la hiel” cuyos síntomas son vómitos biliares continuos”.
“Una mujer que tenía “mal de ojo” fue a una casa donde había un niño muy hermoso. A estas mujeres es que les da “rabia” (ira, enojo o enfado grandes) ver animales o niños muy hermosos. Esta vieja vio al niño tan “hermosísimo”que dijo: “No me voy de esta casa sin hacerle llorar”.Para hacerle llorar intentó primero asustarle con gestos y no consiguiéndolo así, le dio una bofetá. Cuando se fue la mujer, el niño se puso “malico, malico...”.Primero le dio como un “ataquecillo”, se le pusieron “los ojos en blanco” y luego se quedó como dormido. Lo llevamos al pueblo y antes de llegar, se murió el “angelico” .En Vélez Rubio por el contrario, se cree que si la aojadora consigue hacer llorar al niño, se evita el daño.
“Una gitana que por pendencias le tomó “entrega” (odio, ojeriza) a una familia fue a visitarla “con muy buenas palabricas”. Entró a “escondías” en la habitación donde dormía un niño hermosísimo y le dijo a la madre al salir: “¡qué niño más hermoso tienes! Cuando la gitana se fue, le dio al niño una diarrea tan mala que le duró veinte días, hasta que se murió. Se le había “reventao la hiel”.
Por efectos del mal de ojo, por un deseo vehemente alimenticio no satisfecho, puede “saltar la hiel”.A quien ocurra esto puede coger “tericia” y en casos graves como el anterior el enfermo muere. Cuando una persona se encuentra ante la presencia de un animal en descomposición que puede producirle demasiado asco, lo que a su vez puede conducir a que se “salte la hiel”, ha de evitarlo pronunciando el siguiente ensalmo (supongamos que la persona se llama Antonio):

“Antonio me llamo
que cuando vaya a comer,
que no se me salte la hiel”
Los síntomas del hecho de “reventarse la hiel” se imbrican con los de otros numerosos procesos de la Medicina Popular como la “tericia” o el mal de ojo. Cuando se “revienta la hiel”la persona muere.
Por efectos del mal de ojo pueden también salir “bizuejos”

En Alhama de Almería se tiene la certeza de quienes echan el mal de ojo son los bizcos.

En Checa-Molina (1987) se dice que en Albox se cura trazando cruces desde un ojo hasta la nariz, primero en sentido de las agujas del reloj y acto seguido desde el otro ojo hasta la nariz. Las cruces se hacen mientras se reza una oración contra el mal de ojo.
El mal de ojo vemos que engloba una serie de síntomas pediátricos que sin constituir una unidad sindrómica muy diferenciada tienen una cierta entidad que permite a veces poder diferenciarlo de otros procesos de la Medicina Popular como la “tericia” el “sol metío en la cabeza” u otros parecidos que son especialmente graves y ponen en peligro la vida del enfermo aunque a veces los diagnósticos de la medicina popular difieran.
El poeta Sotomayor describe para el Bajo Almanzora en uno de sus poemas, aspectos muy interesantes de la concepción de ésta entidad hacia las primeras décadas del siglo XX. Lingüística y etnográficamente su testimonio es importante y bello.

“-¿Qué pasa Rosenda q´estás tan metía
drento del cortijo?
- ¡Que quies que me pase!
Tengo a mi chiquillo
denda antes de anoche
mu aterraico
pelmazao su cuerpo por la calentura
y tie en el galillo
una bromaera
que por mas que le grito pa ver si me mira
¡ ya no m´aconoce siquiá el angelico”
¿Y que´s lo que tiene?
-Lo que tié él chiquillo
no lo sabe naide .
Pa mi es sol metío
dentro la cabeza
Manque ma Francisco
l´a tentao y ha dicho
que son las palóticas


A vel el muchacho...
¡Si lo ties malico!
Pero...no te aflijas
que ni es sol metio
ni son las palóticas
lo que tié tu hijo
es un mal de ojo
como tuvo el mío”

El diagnóstico no suele ser difícil ya que el cajón de sastre del proceso abarca otros numerosos procesos de tipo vírico, bacteriano, digestivo etc.

Cuando acude el mal se busca ayuda para atajarlo. Ya se ve en el poema de más arriba como se hace una suerte de diagnóstico diferencial muy simple (aprovechado culturalmente) con otros procesos de la medicina popular.

Siendo uno de los principales síndromes o modelo cultural de enfermedad en Almería, su concepto, su diagnóstico, su terapéutica –mágicos-están integrados en la estructura cultural actual e histórica de la sociedad. Son casi institucionales. Este carácter estructural justifica la eficacia de los procedimientos diagnósticos y curativos.
Su etiología en el concepto no científico refleja una distinción clara entre que sea de causa natural a que sea de causa sobrenatural o mágica (en este caso una “mala mirá”). Siendo cualquier enfermedad de causa natural se acude al médico o al pediatra. Si la causa no es natural esta claro que la terapéutica ha de hacerla una persona con poderes o gracia para curarla. Las enfermedades graves y abigarradas de causa no natural en la infancia, vienen a caer todas en el cajón de sastre del mal de ojo sobre todo en la zona de Filabres. El llevar a un niño a rezarle el mal de ojo significa no solo el intento de cura sino el diagnóstico que en ocasiones entra dentro de la cura. La etiología y la curación se imbrican en un sola ceremonia: “la prueba del mal de ojo”que resulta significativa para negar (pocas veces) o reafirmar la existencia del síndrome (las más de las veces)

La terapéutica del mal de ojo se basa en procedimientos variadísimos que son llevados a la práctica por mujeres (no siempre curanderas) aficionadas o “especialistas” en este mal. O que poseen la “gracia” suficiente para “mirar” (mirar es efectuar todas las ceremonias de curación) la enfermedad. Para el mal de ojo existen “especialistas” como existen otros especialistas en “mirar” la tericia o en “sacar el sol de la cabeza” etc.
El mal de ojo se “mira” para contrarrestar los efectos de la etiología: una mala mirada Los que miran el mal de ojo son dentro de la comunidad, miembros de determinadas familias o grupos, que se especializan en una o varias enfermedades sin ser necesariamente curanderos profesionales. Estos grupos o curanderos se reparten la responsabilidad de curar según sus facultades específicas. Uno de estos informantes (siempre mujer) me manifestaba lo siguiente: “Yo he “mirao” durante muchos años a muchos niños con mal de ojo. A mi me han llevao al cortijo muchos niños “retorcíos” del dolor y han salío de mi casa nuevos”.

El mal de ojo puede ser tratado también por otros miembros de la comunidad rural que con alguna frecuencia se dedican al curanderismo, si no de modo profesional, si con cierta asiduidad y amplitud. Estos personajes, no solo curan o diagnostican, sino que además adivinan quien es la persona que ha causado el mal, siempre por exclusión de una serie de sospechosos que se le relacionan a sus familiares hasta encontrar uno.
Las personas que “miran”o “rezan”el mal de ojo, se comprometen a curar el enfermo que se les presenta, solo si el mal “viene de quitarlo”, o sea, si el citado doliente no está lo suficientemente grave para que mediante sencillas maniobras, el niño enfermo se pueda curar. Si por el contrario, ven que el enfermo ofrece un estado de salud preocupante, que pueda responsabilizar al curandero ante la ley, o bien, disminuir su prestigio como sanador, éste elude el caso diciendo: “esto no es pa mí”, derivándolo al médico.
Previamente al tratamiento, éste proceso popular se ha de diagnosticar, cerciorándose la sanadora si efectivamente el enfermo en cuestión tiene mal de ojo, o se trata de otra afección parecida o distinta.
Para que el tratamiento (mágico) no falle hay que hacer bien el diagnóstico de forma también mágica. Si el tratamiento mágico falla no por ello habrá que atribuir el fallo a la misma magia sino a que tal vez el ritual no se ha efectuado correctamente.
Se está tratando una alteración morbosa que la teoría o nadie ha logrado mejorar por su naturaleza estrictamente mágica, inconcreta y no científica Solo a la curandera, sanadora o entendida en esa afección, le compete el poderla curar. Pero esa misma persona entendida, ha de cerciorarse antes como hemos dicho, sobre la naturaleza de la enfermedad. Ha de hacer un diagnóstico previo y por eso dice: “Solo si es o se trata de mal de ojo, ahora lo curo.”
La ceremonia para el diagnóstico consiste en lo siguiente:
Al niño lo meten en un sitio oscuro con un candil o una vela (Paterna del Río). Se moja “el dedo corazón” (dedo medio) del niño, en aceite de un candil y poniéndolo sobre un recipiente de agua se dice:

“Dos te han hecho el mal (se refiere a los dos ojos)
Tres te tienen que curar (el número mágico)
que son las tres personas
de la Santísima Trinidad:
Padre, Hijo y Espíritu Santo”

Tras esto, se reza un Padre nuestro y un Avemaría. Todo lo anterior se repite tres veces. Cuando han caído nueve gotas de aceite (tres veces tres) del dedo del niño sobre el agua del recipiente (tienen que haber caído tres gotas durante cada rezo de la “oración completa”), se mira el agua y si las gotas se mantiene sobre su superficie tal como han caído, el enfermo no tiene mal de ojo, pero si por el contrario, las gotas se deshacen, es que existe el mal (Líjar). En los Vélez si en el agua aparecen dos gotas grandes en forma de ojos y una pequeña, es que tiene el mal de ojo muy arraigado.

En los Vélez, tras la ceremonia del aceite y el agua se reza esta oración:

“Virgen María
prima de Santa Isabel
quítale el mal de ojo a (nombre del enfermo)

A los tres días en el aceite se van haciendo burbujillas y los ojos desaparecen. Desapareciendo los ojos de aceite desaparece el mal.

En Mojácar existe otra forma de curación recogida por Almendros (1977), p, 71.Se cortan nueve hojas de beleño. Delante de estas hierbas se recita:


Sea bendito y alabado
el Santísimo Sacramento del altar
Tres te han hecho el mal
Tres te lo han de curar
que son las tres personas
de la Santísima Trinidad


Padre, Hijo y Espíritu Santo si es de la cabeza, Santa Teresa
si es de la frente, San Clemente
si es de la barriga, la Virgen María
si es del cuerpo, el santísimo Sacramento
pastor que a la fuente fuiste
y de la fuente viniste
quítale el mal de ojo
a quien lo pusiste.
Virgen Maria
tú con tu mano
y yo con la mía.

Todo ello se repite tres veces, seguidas de otros tantos credos.

Le queman luego las hojas al beleño y se dice:

A lo hondo del mar
“ande nadie te haga mal”
a lo hondo del mar
“ande nadie te haga mal”

En el Taberno se han recogido los siguientes ensalmos para la curación del mal de ojo:

I. Con una mano puesta sobre el vientre del niño se dice:

“En el nombre de la Santísima Trinidad
Padre. Hijo y Espíritu Santo


Tres veces hasta nueve se repiten estos versos. Cada tres veces, se rezan un Padrenuestro y un Ave María.


II.

“Al mal de ojo y a la cal
Piedra caiga donde no haya mal
entre tres te lo han hecho
entre tres te lo han de quitar
Arráncate raíz
y arráncate mal,
en el nombre de las tres personas
Santamaría y Trinidad”.

Luego se rezan tres padrenuestro y tres avemarías a la Virgen María.

Otra modalidad recogida en la Zona de los Vélez consiste en rezar:


“A la viña del Señor entré
nueve ángeles me encontré
tres orando, tres podando
tres “mal de ojo” curando (nombre y apellidos del enfermo)
Si te lo han hecho por la mañana
que te lo quite Santa Ana
Si te lo han hecho a mediodía
que te lo quite la Virgen María
Si te lo han hecho por la tarde: Jesús y su madre.


Si te lo han hecho por la noche: San Roque
Entre dos te lo han hecho(los ojos)


tres te lo han de quitar
diciendo las palabras de la Santísima Trinidad:
Padre Hijo y Espíritu Santo. Amén (nombre y apellidos del enfermo)

Se reza tras esto un Padre Nuestro u otra oración.

También en los Vélez se recoge (García Sánchez, 2000) la siguiente ceremonia: La curandera se santigua y dice:

Jesús, José y María
pon tu mano que yo
después pondré la mía.
Dos te han hecho el mal
y tres te lo han de quitar
que son las tres personas
de la Santísima Trinidad.


Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Si antes hubiera nacido Cristo
este mal no lo hubiéramos visto
que muera el mal y viva Cristo
que así lo manda
nuestro Señor Jesucristo.


Este niño(o niña) tiene mal en la cabeza
Brazo (enumera varias partes del cuerpo)
y en todas las zonas del cuerpo,
tenga o no tenga,
que sea curado en el nombre de las tres personas
de la Santísima Trinidad


Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Reza una oración y se santigua.

Otra ceremonia recogida en los Vélez consiste en pasar una “matapollera” en la misma cantidad del peso del niño por el cuerpo de éste. La mata sería extendida en la cruz de un camino por tres mujeres que se llamasen María, que tras arrojar la mata marchasen sin mirar atrás. Cuando la mata se seque el mal de ojo se cura. Estas ceremonias hay que hacerlas antes de que “pase Viernes” (día de la muerte de Jesucristo) Esto quiere decir que hay que curarla antes del viernes inmediatamente próximo al día en que se adquirió la enfermedad, sino, la enfermedad se “pasa” y la curación no tendría efecto. Para Vera, Contreras (2007) describe una ceremonia similar donde las “Marías” caminan por tres caminos hacia un cruce. Van derramando matapollo y pan. Si el pan no lo reparten a quienes lo piden por el camino (pobres) se llena de gusanos.



Torvisco o matapollera también llamada bufalaga





Brenan también describe para la Alpujarra almeriense un procedimiento para la cura del mal de ojo que consiste en que el padre de niño enfermo ha de salir al campo y recoger de madrugada antes de que salga el sol, un manojo de torvisco que llevaba a casa envuelto en un trapo para que no le diera el sol (perdería así sus virtudes curativas).Una muchacha virgen que se llame María, acuna en un cesto de esparto cuyo “colchón” sea de torovisco (matapollera) al niño y lo levanta en el aire. Posteriormente tres marías más, entran en la habitación sin que nadie las vea, le toman en brazos y le ponen en el suelo sobre el torviscón. Luego llaman al sacerdote (que en este caso se presta a una ceremonia pagana y plagada de superstición) para que rece una oración. La ceremonia concluye esparciendo el torviscón sobre la cama. Si éste se seca, el enfermo cura, sino, no sana

En las Hortichuelas (Níjar) para curar el mal de ojo de un niño, se ha de pesar éste con la romana y luego pesar igual cantidad de torovisco que pese el niño. Deben pesarlo tres marías, solteras las tres. Este torovisco ha de esparcirse (“esturrearlo”) por las cruces de los caminos. No obstante me informan que en ésta barriada de Níjar se conocen muertes de niños debidas al mal de ojo.

Hay sanadores que llegan a diferenciar entre si el “mal de ojo” se lo hicieron al enfermo estando parado o yendo andando. Si se lo hicieron andando, hay que rezarlo nueve días seguidos y además tres curanderos a la vez sin que ninguno se entere que lo está rezando otro.

A veces no es necesaria la presencia del enfermo tanto para el diagnóstico como para el tratamiento. Basta que se le proporcione a la curandera alguna prenda o un moño de pelo del enfermo para poder diagnosticar y curar (Vélez Rubio)

Las personas que curan el mal de ojo adquieren durante la ceremonia un estado físico especial. Se “les ponen los pelos tiesos”, suspiran se adormecen, sienten escalofríos, bostezan, les lloran los ojos. Es que ha ocurrido la transferencia del mal desde el enfermo al sanador que sufre una sintomatología parecida a la sufrida por el enfermo. Absorben el mal del paciente para transferirlo luego a la atmósfera. El mal no se construye ni se destruye, solo se traslada. (Testimonio en Almanzora-Cantoria, 17 de febrero de 1988)

La terapéutica en sí es diversa. A veces se dan “pasás” o masajes sobre el vientre, pues el mal ha de salir por la “tripica” del ombligo. Otras veces se emplean emplastos sobre la región abdominal.



Sigamos con el poeta Sotomayor:


“Lo que tié tu hijo
es un mal de ojo
como tuvo el mío.
Pero no te apures que de aquí a dos días
no ha e parecer el mismo. Reza tú conmigo
y cuando yo diga: Virgen del Milagro
di tú Jesucristo.


¿Oyes? Y en seguía
en el mesmo ombligo
pégale un reparo de sal, apio borde...”
dos o tres cominos
pelosilla blanca, caracol, vinagre


Creciente, manteca, cebolla y tomillo.
--¡Hijo de mi alma! ¿Pos si yal’puesto
de to lo nacío...


“l’he puesto una entura d’aceite lavao;
l`he puesto en las sienes cepas de pepino
l’he puesto una pala templá en la barriga
l’he puesto meallas tentás del obispo


El mal de ojo hay que rezarlo tres veces en días distintos para que quede completamente curado. La primera visita es para el diagnóstico y primera sesión del tratamiento; la segunda, para observar la evolución del enfermo y la tercera, generalmente para dictaminar la curación.

Otras veces ha de rezarse nueve días seguidos y también la ceremonia ha de efectuarse en ayunas para que las oraciones hagan más efecto (Grima, 1994, para Turre)

En Macael, una mujer lo diagnostica solo con proporcionarle un mechón del cabello del enfermo o una prenda de vestir de éste. Para la cura receta le echen tres gotas de aceite en el oído (1986).Cuando termina de curar, la mujer empieza a bostezar, porque el mal que tiene el niño, los pone a ellos muy malicos” (1986) (Transplantio morbis)

En otros sitios dan “pasas” o “sobas” con aceite en la barriga. El niño echa todo el “asiento” de baba que tiene en el estómago y de estar triste, decaído y enfermo, pasa a comenzar a reír y estar contento. “lo llevé a la Fulanica (curandera) que mira el mal de ojo, le dio unas pasaicas en la barriga, y echó to el asiento que tenía. Fue echar eso, y empezar a reír el chiquillo y estar alegre...”.

Otra anécdota: Niño con fiebre y vómitos que lo llevan al médico a las siete de la tarde, a las 12 de la noche, tras el inicio del tratamiento puesto por el médico, la fiebre no cesa, la familia decide llevarlo a otro pueblo. Aporrean la casa de la curandera que le “rece”el mal de ojo”.Esta le reza y el niño sale sonriente y acariciado, los familiares más tranquilos, el niño “mejora”: la madre sale conforme tras un diagnóstico y pronóstico convincentes: es mal de ojo, es un diagnóstico inmediato y persuasivo. Tiene cura, aunque sea mágica

El mal de ojo ha de rezarse durante tres días impares seguidos (Líjar)

En el Llano del Espino (Albox) hay una mujer que reza el mal de ojo, he llevado a mi niña” (Profesora de EGB. Albox, 1990).La niña no curó porque lo que tenía era una meningitis tuberculosa, contagiada de su abuelo enfermo. Esta curandera heredó los poderes de su abuela, también curandera, quien tenía un libro muy antiguo y misterioso escondido en una cueva . Empezó a curar a los diecinueve años en nombre de las tres personas de la Santísima Trinidad, al modo que lo hacía el mismísimo Jesucristo al que una noche ésta curandera vio en la Cruz adiestrándola sobre lo que tenía que hacer para curar. En su consulta se observa un cuadro de la Virgen del Saliente y otras imágenes. De hecho esta mujer durante la Romería del Saliente vende dulces en un puesto. Esta mujer no solo reza el mal de ojo sino otros muchos males. Para ella el mal de ojo y alguna otra enfermedad son males que los médicos no saben curar. Solo cura el mal de ojo la “gracia” del curandero, heredada o trasmitida por Dios . Cura obteniendo información global del enfermo, imponiendo las manos sobre la parte dolorida y mediante rezos.

En Turre, Grima (1994) recoge tres modalidades de mal de ojo, según su intensidad o su gravedad que puede depender también del tiempo que se haya dejado o abandonado el proceso. Para el mal de ojo corriente u ordinario con sintomatología no muy grave, la oración que recoge es la siguiente:


Tres te lo han hecho
y tres te lo han de quitar
que son las tres personas
de la santísima Trinidad
Niño Pastor que a la fuente fuiste
quítale a Fulanico el mal de ojo
de donde se lo pusiste
Mal de ojo, ojo mal
tíralo a lo profundo del mar


Estos nueve credos que he rezado
son para...
Virgen María, tú con tu mano
y yo con la mía

Tras esto se pasa la mano tres veces seguidas por la cabeza del enfermo.

Se ve como la curandera pide ayuda nada menos que a la Virgen María, a quien pone a su mismo nivel respecto al poder curativo: tú y yo. Se compara a la entidad sobrenatural más poderosa: la Virgen, en su poder de alejamiento del mal. En esta oración se reitera el número cabalístico tres o frases al revés (ojo mal...) y la imposición de manos.

El mal de ojo “pasado” también en Turre se considera más grave que el anterior. A esta gravedad se ha llegado por no haber sido rezado a tiempo. La curandera quiere reiterar su posición necesaria como persona curadora dentro de la sociedad. Dentro del pueblo. “¿Porqué no me lo has traído antes? Aquí estoy yo que curo”. El mal de ojo pasado ya está muy enraizado y domina a toda la naturaleza del enfermo. Puede también haberse llegado a él porque la persona que hasta entonces lo ha estado rezando, no lo ha hecho bien, o no tenía la gracia suficiente para haberlo curado. Esta modalidad requiere una oración diferente:

Tu cabeza, Santa Teresa
Tu frente, San Vicente
Tus ojos, Santa Lucía
Tu cara, Santa Clara
Tu cuerpo, el Santísimo Sacramento
Virgen María tú con tu mano
y yo con la mía”

Pasar la mano por la cabeza, los ojos y el vientre haciendo cruces y repetirlo tres veces.

Muchas son las partes del cuerpo afectas. .Por eso es tan grave. Aquí ya se observa una mayor cristianización del mal donde se invocan para acumular más poder, una retahíla de Santos Sanadores junto a la Virgen que cura a la par de la sanadora: “Tú con tu mano y yo con la mía”, y cada uno se ocupa de una parte del cuerpo. Para una enfermedad multisistémica, muchas entidades curadoras.

En cuanto el mal de ojo “quebrao” se describe por Grima como aquel que queda en una fase primaria (abortado).No avanza pero permanece aletargado hasta que no se reza. También en Turre se describe otro procedimiento consistente en llenar una cesta con la mata llamada “mata-pollera” también conocida como mata pollo o aljezón. Se requieren a cuatro muchachas vírgenes muy jóvenes que tienen que salir andando desde un cruce de caminos rezando y esparciendo la mata-pollera conforme caminan sin volver la vista atrás. Esparcida toda la mata la persona queda curada. Pero las personas que pasen por el camino y se les ocurra coger la mata, enfermarán. Es otra forma de transferencia del mal.

El empleo de medios profilácticos para el mal de ojo, se remonta probablemente a la prehistoria en forma de amuletos y fetiches que conservan en Almería una vigencia actual como así ocurre en otras medicinas primitivas y populares. En el caso de Almería se emplea el llamado “morralico” que consiste en un saquito de fabricación casera, que se suele colgar (en los medios de bajo nivel cultural) al cuello de los niños susceptibles de ser objeto de mal de ojo (niños que al poco de nacer se ponen muy hermosos), a fin de defenderlos de las “malas mirás” de los que en sus miradas tienen poder maléfico. Este morralico se cuelga de la ombliguera (ombliguero que se pone a los niños recién nacidos rodeándoles el vientre, ya en desuso) o en la “camisetica”. Pepe Burrueco testimonia que “a los niños nunca faltaba el taleguillo al cuello con tres granos de trigo y una pizca de sal para evitar el “mal de ojo” (Burrueco, Campo Cisnares-Oria). El morralico solo se suele poner durante los siete u ocho primeros meses de la vida del niño que es cuando la criatura (en especial si se desarrolla con un aspecto muy saludable) es más propensa a ser aojada. El contenido del morralico consta de tres granos de trigo, un “puñaico” de sal y una “miguilla” de de pan (Níjar). En otros lugares el contenido del morralico cambia: dientes de ajo en el Taberno. También en Taberno se evitaría el mal de ojo llevando en el bolsillo una lagartija verde. En niveles culturales algo más elevados y actuales, el uso de estos amuletos ha evolucionado hasta su sustitución por una especie de escapularios cuyo contenido es casi similar; o es sustituido por trozos de tela a modo de reliquia, cuya ventaja es, según sus distribuidores que “están bendecíos”.
También Sotomayor, recoge esta cuestión:

Lo que tié tu hijo
es un mal de ojo
como tuvo el mío..

.............................................................................

Porque algunas madres semos descuidosas
y al ponerlos limpios
se nos escurece
echarle un grano de sal al bolsillo”

Bolsitas de tela con escritos protectores, tal vez alcoránicos, usaban los musulmanes para el mismo fin.

El Indalo, signo cultural por excelencia de las tierras de Almería se le confieren también poderes mágicos o profilácticos sobre el mal de ojo. El Indalo es la reminiscencia de una figura humana prehistórica ligada a la magia y simbolismo totémico. En ciertas zonas del Sureste español se le atribuyen virtudes protectoras contra toda clase de males. Esta figura que se observa en las pinturas rupestres (Cueva de los Letreros de Vélez Blanco...etc.) se llama Indalo (apócope de San Indalecio, patrono de Almería) y se ponía en las fachadas de las casas al acabar de encalarlas.












Figura del Indalo en un abrigo de Vélez Blanco (distinto a la Cueva de los letreros), gentileza del profesor Juan Pedro Rubio de Albox.


En los Vélez se recogen como amuletos profilácticos: patas de conejo, la cruz de Caravaca, un escapulario, un lazo rojo, una bolsa con tres granos de trigo, una prenda al revés, una cadena con un cuerno de oro...etc.

Simón de Rojas Clemente (2003), relata que un mozo que lo guía desde Carboneras a Garrucha, llevaba un burro con un cuerno de ciervo enganchado al cuello para librarlo del mal de ojo. En Vera no había burro que no llevara el cuerno.



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Elementos empleados en el diagnóstico y en la terapéutica del mal de ojo serían: la gracia del curandero; oraciones y ensalmos; sustancias como el aceite de oliva y el agua, la sal; objetos: cuenco o fuente para derramar el aceite, elementos cerámicos prehistóricos; un candil; procedimientos fisioterapéuticos: masajes (las “pasaicas” o pasás) y plantas que se pasan por encima del enfermo y que luego se queman o se esparcen por los caminos como la matapollera. Todos dentro de “una intervención simbolizadora” (Checa y Molina, 1997)


Entre los elementos profilácticos y curativos cuenta también el cuerno que a modo de amuleto refiere de los burros Rojas Clemente a principios del siglo XIX, ¿tiene un papel protector pasivo con cierta analogía mas o menos lejana con el agente productor? o tiene potencia protectora por su naturaleza de cuerno? o es su forma peculiar la que le hace mágico? Este fetiche zoomorfico representa a una deidad protectora. Las medallas, crucifijos o el Indalo de Almería, accesibles a la oración o a la ofrenda (“meallas tentás del obispo”) desempeñan una función activa. El hecho de estar “tentás”por el obispo, le confieren esa función activa...son distintas, son sagradas...tienen la bendición de la máxima jerarquía (el obispo) que es quien más se acerca o representa a Dios...La imposición de manos del obispo torna en sagrado y por tanto en curativo todo lo que toca. Esta gracia se trasmite a los objetos que su vez poseen a Dios que es quien en definitiva cura...

¿Porqué los elementos que van dentro del “morralico” (trigo, sal...) protegen “per se”? El trigo y la sal son elementos culturales prehistóricos unidos a la prosperidad y a la cotidianeidad o a la elemental necesidad. Son elementos esenciales y telúricos para la subsistencia de la vida cultural prehistórica e histórica posterior.

En cuanto el tratamiento, como en los pueblos primitivos actuales, se apela a una fuerza sobrenatural a quien se “manda”, ordena o conmina. Se pide socorro a la divinidad (Padre y Espíritu Santo) evocando el nombre de esa deidad en las formas consagradas. ¿Se pide perdón si el mal es castigo de la divinidad? A Dios no se llega con amenazas o… ¿a veces sí?

A quien se amenaza e impreca es a los demonios, al mal personificado en ellos. Se les invita a irse (“Vete…”) para asustarlos, para que se vayan...huyendo.

La oración se une a veces a la mímica, a la imposición de manos a los masajes (“pasás”) o a los gestos regulados…


En la medicina primitiva y por eso tal vez prehistórica, los rezos poseen “la acción propia de las palabras, con la condición de que se pronuncien con arreglo a cánones rigurosos, modificativos de estilo: aliteración, repetición”.Estos procedimientos verbales pronunciados así como hemos visto no solo en el mal de ojo sino en otros procesos como la culebra o el “sol metio” en la cabeza, suponen una afirmación repetida o culminación de que por fin el enfermo está sano.

La maldición o la invitación a que el mal abandone el cuerpo, tiene similitudes con la plegaria pagana: la epodé de los griegos que es un rito mágico que emplea la palabra con fines terapéuticos unida a ciertos ritos como echar el aceite en el agua (mal de ojo) o cortar las malvas en la erisipela, etc. Esta plegaria conserva todo el sentido que se le ofrece en la Grecia clásica. Se constata así la epode en los ritos sanadores más característicos de la Medicina Popular almeriense.


El mal de ojo como todos los síndromes culturalmente definidos en Almería, nace de las necesidades culturales del individuo, de la familia o del grupo, de satisfacerse con medios culturales o procedimientos ajenos a la medicina ortodoxa, aprovechados para curar síndromes mal definidos o que no cuadran con los de la medicina oficial o científica. Ocurre igual con la “tericia” que veremos más adelante.

En la estratigrafía cultural del mal de ojo se observan, como vemos, elementos prehistóricos neolíticos y argáricos como el indalo; amuletos: los cuernos, el trigo y la sal ibéricos o prerromanos; el tres y el nueve de la cabalística de los números; tres veces tres(el nueve) y los triduos añadidos que son elementos auténticamente romanos o prerromanos; elementos bíblicos: las viñas de Abraham; romanos y árabes : el candil; los cruces de caminos de Roma; cristianos: la señal de la cruz reiteradamente hecha sobre el cuerpo del niño como conjuro de contrarrestar el mal ( el diablo) o para expulsarlo o bien para pasárselo a si mismo el curandero, que si lo resiste y lo expulsa ,vence como mediador entre el enfermo y el aire a donde se disipa el mal. Ciertos santos sanadores, la Virgen María y el Señor, son elementos del catolicismo actual adscritos a la cura mágica del mal de ojo.

“Arrojar a sitios (difíciles) los elementos utilizados para las ceremonias de las curas tiene un sentido catártico o de purificación en el que se perciben ecos de ceremonias romanas, de la iustratio”.Yo añadiría célticas o griegas ¿tal vez prehistóricas argáricas? Observamos también elementos galénicos y modernos.

Sería interesante --pensando en las relaciones entre las funciones fisiológicas y los estados emocionales-- estudiar “las influencias del grupo, como refuerzo de las creencias por las que la víctima que está muriendo debido a una maldición puede recuperarse. (Cone (1979), p. l54). Pero en un lactante, como puede pensarse eso? Si, por la influencia del estado de ánimo de los familiares que con su preocupación o por su paz interior recobradas tras la ceremonia influyen en la salud del enfermo. Checa y Molina (1997) dan a entender que el mal de ojo de los niños pequeños podría ser una depresión infantil por una mala relación madre-hijo. Al rezarlo, cambiaría esta relación, con lo que la depresión del niño cura debido a un cambio de actitud de la madre y familiares hacia el niño que han visto como una tercera persona se preocupa por su salud y enfermedades restableciendo su equilibrio psicoorgánico. Yo, sin embargo opino a este respecto, desde el punto de vista médico que el mal de ojo no es enfermedad científica homologada, sino que engloba otros procesos distintos a la depresión infantil o al cólico intestinal del lactante, como serían procesos víricos, gastroenteritis etc. que en verdad se resuelven solos ( son autolimitados).Y otros más graves no diagnosticados por la medicina oficial que en tiempos no muy remotos conducían a la muerte. Tal era el caso del mal de ojo “pasado” al que la curandera pronosticaba la muerte.”

La magia se encuentra desde que el hombre es hombre, ligada a la enfermedad tanto en su concepción como en los intentos de curación. El recurrir a estos procedimientos por parte de madres de nivel cultural alto, incluso universitario (Albox, 2005) sería un intento de superar la “angustia universal” o simplemente la angustia de salir esta madre de las “urgencias” de la Medicina oficial, apenada e insatisfecha. Persiste la angustia en las madres… no saben donde ir. Le indican lo del mal de ojo y acuden a la “especialista” o curandera. El niño es afectivamente mejor tratado por ésta, que por los pediatras convencionales que no dan una respuesta satisfactoria ni dan un diagnóstico claro e instantáneo. La curandera, seguro que ha empleado mucho más tiempo en estar con el enfermito que el pediatra ha dedicado en su consulta. El niño mejora con los rezos. El niño incluso “se salva” de una situación peligrosa y angustiante pronosticada en el diagnóstico fatal: “el mal de ojo no existe, pero el chiquillo se me muere...” (Líjar, 1978) El mal de ojo puede producir la muerte. Con absoluta normalidad y sinceridad se me informaba en 1980:”Un hermano mío murió del mal de ojo”murió de ello, sin otra explicación aparente. Se me relataban también las curaciones espectaculares de niños en trance de muerte. Una vez realizada la ceremonia, la magia empleada de forma instantánea, ha sido al menos útil para mitigar la ansiedad de la madre y de los familiares. El mal de ojo ha sido producido por algo, ya no desconocido: una “mala mirá”.La enfermedad ha sido sacada a la luz. Si el tratamiento falla, no habrá que atribuirlo al fallo de la misma magia, sino a que el ritual no se ha efectuado de manera correcta. Y es que en definitiva como puede leerse en Perdiguero (1986) “El individuo enfermo se siente aislado, dominado por una fuerza invisible, y en esa situación se puede dar la regresión a las prácticas mágicas y primitivas como intento de convocar todas las fuerzas posibles a fin de vencer la enfermedad”http://www.lulu.com/product/tapa-blanda/la-medicina-popular-en-almer%c3%8da/3506418?productTrackingContext=content_view_recently_viewed

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